2010-09-30

San Jerónimo, Patrón de los Bibliotecarios


30 de Septiembre


No son pocos los santos que ostentan el patronazgo sobre quienes ejercen la profesión de bibliotecarios, de hecho llama la atención al recorrer el listado donde encontramos figuras como San Lorenzo, Santa Minucia (específicamente de los catalogadores); San Beda; Santa Wiborada, Santa Catalina de Alejandría; San Isidoro de Sevilla, lo anterior sin mencionar a los beatos que son considerados patrones de dicha profesión.

En verdad sorprende que la profesión de bibliotecarios recurra a tanta intervención divina, pero según los entendidos dicho listado se encuentra íntimamente ligado al desarrollo de la historia de la profesión, pues debemos recordar que por muchos siglos las bibliotecas se desarrollaron en torno a los grandes monasterios y catedrales, y que fue recién después de la creación de la imprenta, con la masificación del libro, que comienzan a florecer las primeras bibliotecas de carácter más público, luego al alero de la Universidades, y finalmente como una necesidad del desarrollo público de los estados laicos.

De todos ellos el más conocido es San Jeronimo de Estridón, (Eusebio Hierónimo de Estridón), nacido en Dalmacia en el año 340 de la era cristiana, falleció en Belén el 30 de Septiembre del 420.

Considerado uno de los cuatro grandes santos padres de la iglesia latina, tiene a su haber el merito de haber traducido la Biblia del griego y el hebreo al latín, generando de esta manera la Biblia Vulgata (edición de las Sagradas Escrituras para el pueblo), dicha traducción fue la versión oficial de la Biblia utilizada por la Iglesia Católica, hasta la introducción de la Neovulgata en 1979.

En Roma estudió latín bajo la dirección del más famoso profesor de su tiempo, Donato, quien era pagano. El santo llegó a ser un gran latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos. Pasaba horas y días leyendo y aprendiendo de memoria a los grandes autores latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio y Tácito, y a los autores griegosHomero, y Platón, pero casi nunca dedicaba tiempo a la lectura espiritual.

Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, por su terrible mal genio y su gran orgullo). Pero allá aunque rezaba mucho, ayunaba, y pasaba noches sin dormir, no consiguió la paz, descubriendo que su misión no era vivir en la soledad.

De regreso a la ciudad, los obispos de Italia junto con el Papa nombraron como secretario a San Ambrosio, pero éste cayó enfermo, y decidieron nombrar a Jerónimo, cargo que desempeñó con mucha eficiencia. Viendo sus dotes y conocimientos, el Papa San Dámaso lo nombró como su secretario, encargado de redactar las cartas que el Pontífice enviaba, y luego lo designó para hacer la traducción de la Biblia. Las traducciones de la Biblia que existían en ese tiempo (llamadas actualmente Vetus Latina) tenían muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas. Jerónimo, que escribía con gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la Biblia, en la traducción llamada Vulgata (o traducción hecha para el pueblo o vulgo). Aunque no fue designada como oficial de facto lo fue durante 15 siglos. El Papa San Dámaso I en el Concilio de Roma en el 382, expidió un decreto apropiadamente llamado «Decreto de Dámaso», en el cual hizo un listado de los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamentos. Entonces le pidió a San Jerónimo utilizar este canon y escribir una nueva traducción de la Biblia que incluyera un Antiguo Testamento de 46 libros los cuales estaban todos en la Septuaginta, y el Nuevo Testamento con sus 27 libros.

Alrededor de los 40 años, Jerónimo fue ordenado sacerdote. Pero sus altos cargos en Roma y la dureza con la cual corregía ciertos defectos de la alta clase social le trajeron envidias y sintiéndose incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban su modo enérgico de corrección, dispuso alejarse de ahí para siempre y se fue a Tierra Santa.

Sus últimos 35 años los pasó en una gruta, junto a la Cueva de Belén. Varias de las ricas matronas romanas que él había convertido con sus predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron también a Belén a seguir bajo su dirección espiritual. Con el dinero de esas señoras construyó en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para atender a los que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde nació Jesús.

Con tremenda energía escribía contra las diferentes herejías. La Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la Biblia, por lo que fue nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender la Biblia; por extensión, se lo considera el santo patrono de los traductores.

Murió el 30 de septiembre del año 420, a los 80 años.


Es venerado por las iglesias Católicas Romana y Ortodoxa, fue canonizado en 1767.


Fuente: Wikipedia. / www.iglesia.cl



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